Juntos por siempre, juntos por la justicia.
Genyill Rannier Chacón Pérez
31 años
Ingeniero en Sistemas que fue ejecutado extrajudicialmente por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) el 12 de junio de 2019 quienes le asesinaron en su vivienda ubicada en la urbanización Los Samanes, municipio Baruta, estado Miranda. El caos se encuentra en total impunidad, aún en etapa de investigación y ninguno de los funcionarios involucrados ha sido imputado.
Soy Rosa Pérez, madre de Genyill Rannier Chacón Pérez. Un joven profesional de 31 años, alegre, cariñoso, trabajador y honesto, que fue asesinado a sangre fría por un grupo de funcionarios de la Fuerza de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana.

Mi hijo se encontraba durmiendo cuando un grupo de funcionarios del FAES intentó forzar la reja de su residencia. El dueño, al despertarse por el ruido y ver lo que sucedía, avisó a mi hijo. Genyill se asomó y les pidió que esperaran, que ya bajaba a abrirles. Estoy segura que mi hijo confió y no dudó en ningún momento de sus intenciones: quien no la debe, no la teme. Seguro pensó que ellos entrarían, no econtrarían nada y se irían sin lastimar a nadie, pero no fue así.
Ya eran cerca de las 6 de la mañana cuando me avisan que miembros del FAES estaban en donde vivía mi hijo. Sabía que nada bueno puede salir de la presencia de esos asesinos, me tomé del cabello y empecé a rezar: le pedí a Dios y la Virgen que protegieran a mi Genyill.
Sin mayor explicación, esposaron a mi hijo y lo subieron por las escaleras, mientras bajaban al dueño de la casa y otra inquilina apuntados con armas de fuego. Al verlo, el arrendador notó que mi hijo estaba pálido y que abrió mucho los ojos al cruzar su mirada. Se que cuando estaban en la parte de arriba los funcionarios lo golpearon, tenía morados en el ojo y la nariz.
Tanto el arrendador como la inquilina lograron escuchar la primera detonación. Mi hijo empezó a pedir auxilio, rogaba que no lo asesinaran. Se escucha el segundo disparo, se extinguen los gritos de mi hijo.
Ya lo habían asesinado, era momento de justificar su muerte. Los asesinos comenzaron a disparar ráfagas, querían simular un enfrentamiento que nunca ocurrió.
Cuando llegué intenté entrar a la casa pero algunos de los funcionarios me lo impidieron, me pedían que me calmara y que me retirara. Tenía una crisis de nervios, me temblaba todo el cuerpo, no sentía las piernas. Los agentes seguían repitiendo que me calmara y se atrevieron a decirme: “señora, él está bien”. Yo intentaba explicarles que igualmente quería verlo, que mi hijo no tenía antecedentes, que estaba “limpio”, mi hijo no es ningún delincuente.

Nos dijeron que lo habían traído funcionarios del FAES y que había ingresado sin signos vitales, lo ejecutaron y lo abandonaron en un hospital. Perdí la conciencia.
Cuando regresé a la realidad, me encontraba en el dispensario de las Minas de Baruta. Sentí que estaba en una pesadilla de la que no podría despertar. De esas en las que te cuesta respirar y tu cuerpo es abrumado con un sentimiento de desespero. Sólo que en esta ocasión el sentimiento no desaparecía.
Inició esta odisea para limpiar su nombre y obtener justicia. Los primeros meses los pasé deprimida en cama sin ser capaz de juntar energías para nada. Sin embargo, luego de tanto pedir fuerza y valor a mi hijo por fin pude salir a luchar. Si, luchar. Contra la impunidad e indiferencia del sistema de Justicia, contra el maltrato y revictimización que nos impone el Estado venezolano.
Más de 2 años después aquí sigo en pie, manteniendo la promesa de estar “juntos por siempre”, juntos por siempre, por la justicia. Hoy vivo un horror que, al igual que yo, cientos de madres y familiares nunca pidieron vivir. El asesinato físico y moral de un ser amado por parte de un Estado indiferente. El caso de mi hijo no avanza, ¿cómo se le pide justicia al verdugo? el gobierno busca cansarnos pero no estoy dispuesta a rendirme, ni la muerte podrá detenerme.
¡Ya basta de ejecuciones extrajudiciales! ¡No más impunidad! para mi hijo y todos los demás asesinados: JUSTICIA.
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Genyill Rannier Chacón Pérez
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