Te extraño hijo, espérame que pronto te voy a abrazar. Te amo

Guillermo José Rueda Parra

20 años

Joven comerciante asesinado el 12 de diciembre de 2017 cuando funcionarios del FAES ingresaron a su vivienda ubicada en el sector Blandín de la carretera vieja Caracas-La Güaira alegando que querían conversar con él. Sacaron a su madre del sitio y le dispararon en el pecho. Desde hace 3 años el funcionario que le asesinó tiene orden de captura, sin embargo, la misma no ha sido ejecutada por las autoridades.

Creo que si pudiera decirle algo en este momento, esas serían las palabras que escogería, nada muy extenso que me pueda que me pueda quebrar la voz. Ustedes pensarán, por qué estoy acá, con lágrimas en los ojos contando una historia que se repite una y otra vez en mi mente recordando un sentimiento de mucho dolor.

Pero para responder esto, como en toda historia debemos retroceder al inicio. Guillermo José Rueda Parra, fue un joven amable, gracioso y apasionado. Se preocupaba en todo momento por los más necesitados. Recuerdo que en muchas ocasiones pasaban niños por mi casa buscando comida, él los atendía y les ofrecía alimentos sin dudar, incluso cuando los que teníamos ya eran escasos.

En el colegio siempre fue un gran estudiante, para mi era un orgullo escuchar a los profesores hablar de él y felicitarme por el excelente ser humano que estaba formando. Creo que podría quedarme acá y contarles tantos recuerdos bonitos que tenía con hijo, pero nos faltarían horas para lograrlo.

Mi nombre es Ivonne Parra Solano y más allá de esos recuerdos, vengo a contarles cómo mi hijo fue asesinado por el régimen venezolano.

El 12 de diciembre de 2017, en horas de la mañana, se presentaron cinco (5) funcionarios del régimen en mi hogar. Cuando llegaron, me dijeron que estaban haciendo un operativo del Gobierno en toda la zona. Vi que traían armas largas por lo que les pregunté si tenían una orden de allanamiento para entrar. Ahí me mostraron una palanca de metal o pata de cabra y me dijeron que esa era su orden de allanamiento, por lo que les pedí que no rompieran la puerta y procedí a abrirles.

Entre los funcionarios entraron dos (2) mujeres y tres (3) hombres. Empezaron a revisar todo mi hogar, mientras mi hijo todavía dormía, no se había percatado de lo que estaba pasando. Me preguntaron con quién vivía allí y les respondí que con mi único hijo.

En ese momento, luego de escuchar que estaba hablando con alguien mi hijo se despierta y me pide la bendición desde su cuarto.

Cuando lo escucharon hablar me metieron en su cuarto, lo mandaron a vestir y comenzaron a revisar la habitación mientras él estaba sentado en su cama. Luego las mujeres me preguntan si podía acompañarlos junto a mi hijo a la sede de la Policía Nacional Bolivariana para hacer un oficio donde dejáramos constancia que no habían conseguido nada y que tampoco se llevaban nada de nuestro hogar.

A pesar de que estaba de acuerdo con acompañarlos los funcionarios me sacaron de mi casa y no me dejaron volver hasta que asesinaron a mi hijo a sangre fría.

Me dijeron que lo hacían porque estaban realizando un operativo del gobierno con el cual querían acabar con los delincuentes que le pagaban a funcionarios del CICPC por protección, porque eran buscados por la justicia.

Ahí fue cuando les dije que mi hijo nunca había le había pagado a ningún funcionario, nunca estuvo preso ni detenido por nada, ni siquiera en una jefatura. No le debía nada a la justicia, era un muchacho amable, cariñoso y respetuoso.

Cuando terminé de hablar, los funcionarios no sabían qué hacer, discutieron por quién era el que debía sembrar unas balas en la escena, cerraron toda la zona y comenzaron disparar para simular un enfrentamiento. Les dije que mi hijo era inocente y que estaban creando una película, a lo que respondieron “sí, ¿y qué vas a hacer?

Una de las funcionarias que estaba al mando del operativo continuaba afirmando que mi hijo era un delincuente, por lo que le pregunté por qué no habían investigado a profundidad antes de asesinarlo. Me respondió “iremos presos”.

Han pasado 4 años y aún no se ha hecho justicia por el asesinato de mi hijo a pesar de que de la Fiscalía demostrara que fue una ejecución extrajudicial. Incluso luego de haber conseguido la bala que tenía mi hijo en el pecho y de que se haya solicitado una orden de captura para el asesino de mi hijo. Aún no se ha detenido al responsable.

Los funcionarios que lo asesinaron, siguen libres y ejerciendo las supuestas funciones de seguridad, asesinando a quienes juraron proteger. He intentado todo lo que ha estado en mis manos para conseguir justicia por mi hijo sin haber obtenido respuesta en ningún escenario.

Hoy soy yo la que pide justicia por este asesinato, pero estoy segura que muchas otras madres han tenido que sufrir lo mismo que yo. Se que no se trata de un caso aislado en el que unos funcionarios se equivocaron de persona, sino que viene de una política de Estado que de forma evidente vulnera de forma sistemática los derechos humanos y la dignidad de los venezolanos.

La verdad es que aún no he logrado ver la luz al final del túnel, me siento desamparada y pienso que conseguir justicia es un concepto lejano y apartado de la realidad.

Mi hijo no fue un delincuente y el hecho de que el Estado intente manchar su imagen para no hacerse responsable de su asesinato, es algo que no me voy a permitir. Si de algo fue culpable mi hijo, es de haber crecido en un barrio de bajos recursos, con mucho sacrificio y formado en valores, razón suficiente para que el régimen le quitara la vida al igual que cientos de jóvenes inocentes que pierden la vida a diario.

A todos los funcionarios les digo que no sólo le quitan la vida a quienes creen culpables, sino que también lo hacen con todos esos familiares que tienen que vivir con las consecuencias…

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Daniel Quéliz

Hoy hablo de ti hijo, porque aunque ya no estás físicamente, todos merecen conocerte como yo lo hice. Lucho por ti y sigo de pie para conseguir Justicia.