“Sonrían, sean valientes y amen…”

Luis Enrique Ramos Suárez

29 años

Miembro activo de la comunidad religiosa de su sector y deportista amateur ejecutado extrajudicialmente el 24 de enero de 2019 por funcionarios de la FAES en el barrio Calicanto, Carora, estado Lara. El 23 de enero de 2019, día en que inició el ciclo de protestas de ese año, se difundió un audio en el un supuesto miembro de una banda delictiva advertía que tomarían la sede de la alcaldía. En este se mencionaba a “Cabeza e’ piña” sobrenombre con el que se conocía a Luis Enrique, como uno de los que dirigían estas acciones. Ese mismo día funcionarios del FAES se presentaron a su residencia y le ejecutaron frente a su familia. Al día siguiente se difundió otro audio en el que el supuesto miembro de la banda delictiva explicaba que todo había sido una broma. Hasta la fecha no hay detenidos ni imputados del FAES. Sus familiares consideran que no hay posibilidad de encontrar justicia en el sistema judicial venezolano.

Estas palabras fueron el apoyo que necesité para contarles esta historia, quiero que las tomen y las utilicen en momentos difíciles como lo hice yo.

Luis Enrique Ramos Suárez era un hombre lleno de vida y entusiasmo, a sus 28 años de edad, le encantaba organizar eventos deportivos en la comunidad. Era el capitán del equipo de basquetbol de las colinas. Lo recuerdo como un excelente padre, hermano e hijo, siempre rodeado de grandes amigos y con muchos sueños por delante: sueños que quedaron por cumplir.

Sonrían…

Porque he aprendido que sonriendo es posible recuperar fuerzas y vencer obstáculos, sonreír te lleva a dominar miedos y sobreponerse a momentos que creíste no podrías superar. Sonreír te da fuerzas para combatir injusticias, abusos o incluso actos de cobardía como el asesinato de mi hermano.

El 23 de enero del 2019, luego de que mi hermano asistiera a una gran protesta, comenzó a circular una nota de voz por whatsapp donde lo involucraron con unas supuestas conspiraciones en contra del régimen de Nicolás Maduro y la alcaldía del municipio Torres.

Una nota de voz fue suficiente para que el régimen de Maduro dejara a mi familia en luto y a dos niños sin un padre.

Eran como las 2 de la tarde de aquel día, nos encontrábamos cargando agua de otros lados, ya que el suministro es bastante limitado. Preparábamos el almuerzo en familia, mi hermano se miraba en el espejo y se arreglaba para salir. Recuerdo que fue la última vez que lo vi sonreír.

En ese momento ingresaron a nuestra casa los asesinos del FAES, quienes dirigidos por miembros del consejo comunal y concejales se habían trasladado con las camionetas de la alcaldía de Carora junto a un grupo de colectivos. Eran aproximadamente cincuenta (50) funcionarios que ingresaron con armas largas y cortas a nuestro hogar. Nunca antes habíamos experimentado una situación como esta, ni nos gustaría volver a vivirla.

Cuando ingresaron, comenzaron a insultarnos, nos golpearon y vulneraron nuestros derechos: incluso los de los niños y personas mayores que allí se encontraban. A los niños les apuntaron con las armas en la cabeza, a las mujeres nos golpearon; y a mi padre, un adulto de 62 años, le rompieron la nariz de un golpe mientras lo insultaban.

Mientras intentamos explicar que no habíamos hecho nada malo, los funcionarios nos decían que ellos sólo estaban ahí para cumplir órdenes. A mi hermano lo tenían arrodillado y esposado mientras a mí me golpeaban fuertemente en la cabeza, nos fueron separando y luego nos metieron a todos en la última habitación de la casa, mientras a mi hermano lo mantenían en la sala:,allí nos robaron, golpearon y amenazaron con quemarnos vivos.

En ese momento uno de los asesinos cambió la orden y dijo que nos iban a detener a todos. Nos sacaron uno a uno de la habitación mientras a mi hermano lo mantenían en la sala con una bolsa en la cabeza.

Sean valientes…

Mi hermano, aún en esa situación, nos decía con valentía que todo iba a estar bien. A pesar de tener una bolsa en la cabeza decía que no tuviéramos miedo, le pedía a los funcionarios que nos dejaran tranquilos: si ya lo tenían a él, que nos dejaran ir. Nosotros no queríamos apartarnos, pero nos llevaron a la fuerza y nos abandonaron por una quebrada cerca del sector.

No sabíamos qué pasaría con Luis, mientras nos sacaban notamos que todo el sector había sido tomado por los delincuentes del FAES: estaban ahí con la única misión de asesinar a un inocente.Al sacarnos de casa estos asesinos hicieron una simulación de enfrentamiento para justificar el asesinato de Luis Enrique, escuchamos disparos y gritos de ellos mismos.

Supimos de Luis luego de que fuera trasladado al centro asistencial de la comunidad con dos disparos en el pecho, de allí lo llevaron directamente a la morgue de la ciudad, donde los asesinos se bajaron y empezaron a apuntar con sus armas a todo el mundo. No querían que nadie se acercara al cuerpo.

Nos entregan a nuestro hermano totalmente desnudo, golpeado y con dos disparos en el pecho. Todos lloramos y lloramos mucho, pero nos levantamos para buscar justicia. Con la denuncia que hicimos muchas personas se llenaron de fuerza para denunciar los asesinatos de estos delincuentes, ya que nuestra familia no era la única que pasaba por esa situación.

Hemos manifestado públicamente nuestro dolor frente a claras violaciones de derechos humanos en Venezuela. Nuestra denuncia reposa en la fiscalía, en un expediente en el que exigimos justicia para Luis Enrique.

Amen…

Nuestro trabajo aún no termina, queda mucho camino por delante que requiere de una gran fuerza para continuar, fuerza que tengo del amor por mi hermano, quien en todo momento nos decía “te amo” entre sonrisas y lágrimas.

Nos entregó su amor hasta el final, a su esposa e hijos, a sus sobrinos y a nuestros padres. “Te amo” siempre fue más que unas palabras, fue su lema de vida, quien lo conoció supo el gran corazón que tuvo.

En nombre de mi hermano, les digo que el amor es necesario para iluminar la verdad. Porque, como lo dicen las escrituras: la verdad nos hará libres . De mente, acción y palabra seamos libres, exijamos justicia y encontremos toda la verdad. El mundo debe saber lo que ocurrió, debe saber que nos enfrentamos ante un régimen asesino y violador de derechos humanos.

Estos delitos no pueden quedar impunes, por amor a Venezuela, a mi hermano, y a todos los venezolanos, es que exigimos justicia para volver a sonreír y abrazarnos.

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Hoy hablo de ti hijo, porque aunque ya no estás físicamente, todos merecen conocerte como yo lo hice. Lucho por ti y sigo de pie para conseguir Justicia.